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Mala alimentación

Todos hemos escuchado en alguna ocasión el dicho «somos lo que comemos». Somos conscientes de la importancia de una alimentación equilibrada para tener una vida saludable y de calidad, estudios recientes determinan que nuestro comportamiento alimentario también afecta, pensamientos y decisiones así como el desempeño cerebral.   Efectos de una mala alimentación en nuestro cerebro 

 

La comida saturada en grasa

La comida alta en grasa y rica en azúcares así como los alimentos procesados industrialmente afectan nuestra capacidad cerebral y nuestro estado emocional ya que estos alimentos no proporcionan lo que nuestras neuronas necesitan para funcionar bien.

 

La relevancia del omega 3

Nuestro cerebro requiere ácidos grasos omega 3 para funcionar y desarrollarse normalmente pues nuestras células grises se componen en un 90% de estas grasas, además, debemos tomar en consideración que el cerebro no puede producir estas grasas por sí solo, la única forma que tiene de obtenerlas es a través de la ingesta de alimentos.

La cantidad de omega 3 es clave para el desempeño de las células cerebrales ya que mejoran las propiedades eléctricas de las membranas transmitiendo las señales más rápido y de forma más eficaz.

 

 

Bajo desempeño y afectaciones en nuestro estado de animo

Si nuestra alimentación es pobre en vitaminas, minerales y ácidos grasos  además de un bajo desempeño, comenzaremos a presentar afectaciones en nuestro estado de ánimo como una mayor agresividad o depresión, sin olvidar que la comida puede reforzar ciertos impulsos e influir en nuestras decisiones.

 

 

Dopamina proteina esencial

Los carbohidratos y el azúcar generan un aminoácido conocido como tirosina que es la sustancia precursora de la fotosíntesis de una proteína fundamental para las funciones cerebrales: la dopamina, este neurotransmisor garantiza la comunicación entre las neuronas responsables de la motivación y la disposición a correr riesgos.

Estudios científicos

De este modo, diversos estudios científicos han confirmado que, después de comer, se produce un cambio en la química de nuestro cerebro suficiente para influir en nuestras decisiones, así que más vale comenzar a prestar atención a lo que comemos más allá de pensar sólo en la báscula. Efectos de una mala alimentación en nuestro cerebro

Diversos estudios en ratas de laboratorio han demostrado que cuatro días seguidos de alimentación con comida chatarra afecta la saciedad del animal, haciéndolo ingerir porciones el doble de grandes, parecen nunca estar satisfechos, además de afectar el tamaño del hipocampo, que es la región responsable del aprendizaje y de la consolidación de los recuerdos y el volumen de la materia gris y blanca en el cerebro.

Alimentación alta en grasas

La alimentación alta en grasas y azúcares desencadena una reacción inflamatoria en todo el cuerpo que desequilibra el sistema inmunitario inflamando el tejido adiposo como defensa y la grasa libera sustancias que extienden la inflamación a todo el cuerpo, incluyendo el cerebro.

Esta inflamación penetra en las meninges y causa que las glándulas microgliales se alimenten no sólo de las neuronas muertas, como es su función normal, sino también de las vivas y funcionales destruyendo así las redes neuronales.

 

 

Alimentación alta en azucáres

Asimismo, estudios sobre la alimentación alta en azúcar han demostrado que puede ser una droga tan potente como la heroína, ya que la glucosa altera la actividad de todas las áreas del cerebro responsables de las sensaciones y el placer así que el azúcar toma el control de nuestra capacidad de elección con un potencial adictivo más alto de lo que se pensaba.

El problema es que, hoy en día, una gran cantidad de alimentos procesados contienen azúcar sin importar si son salados o dulces. El azúcar siempre va a demandar más azúcar porque afecta el sistema de recompensa de nuestro cerebro y una misma dosis de azúcar no va a generar el mismo placer sino uno menor que la última vez que se consumió.

 

 

 

Dieta equilibrada y balanceada

Busquemos una alimentación al servicio de nuestro cerebro con una dieta equilibrada y balanceada como la Mediterránea sin alimentos procesados y azúcares para mantener en el mejor estado posible nuestra capacidad mental y nuestro estado de ánimo.

 

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