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Dióxido de carbono 

La cuenta atrás para el 2030 ha comenzado y los países que participaron en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre cambio climático deben comenzar a asumir sus compromisos y alcanzar las cuotas pactadas en la reducción de emisiones de gases contaminantes como el dióxido de carbono. Tal es el caso de China que se comprometió a disminuir sus emisiones de dióxido de carbono por unidad de producto interior bruto en más de un 65% para 2030, el papel de este país es crítico en la lucha mundial contra el cambio climático ya que es el mayor generador de dióxido de carbono y de gases contaminantes del planeta.

 

 

 

Incumplimiento en China

Según la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma china (CNDR), sólo 10 de las 30 regiones de China continental alcanzaron sus objetivos de reducción de energía en los primeros seis meses de 2021. Ante el incumplimiento generalizado, el presidente Xi Jinping anunció la aplicación de medidas más severas entre las que figuran cortes generalizados de energía o restricciones para contener el consumo energético. Estas medidas están afectando fuertemente la producción. El impacto incluye sectores de gran consumo energético como la fundición de aluminio, la siderurgia, la fabricación de cemento y la producción de fertilizante.

 

 

 

 

Ausencia de carbón

En un país donde el 60% de su producción depende del carbón, la ausencia de éste junto con las medidas anteriormente mencionadas está haciendo tambalear los cimientos de su crecimiento económico y esta situación se agrava si consideramos el conflicto político y comercial entre China y Australia a raíz de la investigación por el origen del Covid-19 que motivó al gobierno chino a detener las importaciones de carbón australiano, el segundo mayor exportador del mundo. La crisis energética llega, incluso, a afectar la capacidad de alimentar al país ante la caída de los fertilizantes pero también comienza a impactar en la cadena global de suministro, además de la escasez, los costos se disparan y los trabajadores están siendo presionados hasta llegar al límite de sus capacidades para adaptarse a los horarios de los cortes de energía.

 

 

Transición caótica hacia la sostenibilidad

Sin duda, el panorama chino nos hace pensar que la transición hacia la sostenibilidad energética está resultando más caótica de lo esperado no sólo por las necesidades propias de una transición de este calibre sino por la crisis del gas natural, los efectos de la pandemia del Covid-19 y la recuperación económica incipiente, además de los desacuerdos políticos y los cambios en el clima que están afectando la producción energética renovable mundial con la caída, por ejemplo, de la energía hidroeléctrica y eólica. En el continente americano, Brasil enfrenta una monumental crisis hídrica ante el mayor periodo de sequía en 91 años que está afectando el nivel de las usinas hidroeléctricas y poniendo en jaque el 60% de su producción eléctrica. Conviene recordar que, en 2019, fue el país que más potencia hidroeléctrica instaló en el mundo con una producción de 4919 MW, sin embargo, la afectación por la sequía se extiende a muchos otros puntos del planeta ya que, hasta 2019, más de la mitad de la energía renovable del mundo se generaba a partir del agua. Por otro lado, la producción de las turbinas eólicas del Mar del Norte en Europa está detenida pues el viento no sopla, lo que implica que países como Alemania con una producción del 29% de esta fuente de energía renovable deba suplir este porcentaje con energías no renovables.

 

 

La crisis energética desestabiliza el equilibrio

Asimismo, las reservas europeas de gas natural están bajo mínimos históricos pues los productores no han podido seguir el ritmo de recuperación desde los mínimos de la pandemia mientras que uno de sus proveedores más importantes ha reducido sus envíos a Europa como consecuencia del bloqueo comercial y económico por la Unión Europea y Estados Unidos como resultado de la anexión a la Federación Rusa de la península de Crimea. Además, la batalla por el gas entre Asia, Europa y América hace que las reservas existentes se vendan al mejor postor mientras los consumidores ven que los precios crecen astronómicamente a medida que se aproximan los meses invernales y la amenaza de las bajas temperaturas. El pasado mes de julio, Bruselas anunció su pacto verde para abandonar las energías fósiles en 2050 a través de un proyecto estructurado que involucra al transporte, la energía, el mercado de emisiones de carbono y la biodiversidad, sin embargo, este escenario hoy parece sombrío y lejano a medida que la crisis energética desestabiliza el equilibrio social y económico del mundo.

 

 

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