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Sindrome de Diógenes

En México, según la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud, existen casi 2 millones 500 mil personas con el síndrome de Diógenes o disposofobia, es decir, son acumuladores compulsivos y guardan una gran cantidad de cosas muchas veces sin utilidad hasta que los objetos colapsan y vuelven los espacios de sus casas inhabitables e, incluso, insalubres.

Compulsión

La American Psychological Association (APA) define la compulsión como el acto repetitivo de una persona para disminuir la ansiedad generada por una obsesión y puede ir desde hacer la misma tarea varias veces al día hasta guardar objetos sin control. Evidentemente, este trastorno va más allá del desorden en casa y tiene un trasfondo psicológico como la depresión o un mecanismo de defensa del exterior al mantener las emociones controladas.

Todo tiene un origen

Puede que muchos estén pensando que esta situación extrema nada tiene que ver con su modo de vida, sin embargo, todo tiene un origen por insignificante que pueda parecernos, por ello, tomemos un momento para analizar si existen en nuestros hogares habitaciones incómodas donde los espacios empiezan a verse desprolijos por un exceso de objetos, observemos si, al adquirir un nuevo objeto, sentimos placer y luego rápidamente vacío y, finalmente, cuántos objetos poseemos que no usamos desde hace más de seis meses.

Apego material

Cuando caemos en el apego material todo esto nos sucede, los objetos suelen estar cargados de emociones que les hemos asignado y nos recuerdan momentos o personas que pueden dificultar el discernir si estamos entrando en el comienzo de la acumulación. El desorden ambiental afecta nuestra capacidad de enfoque y la acumulación de objetos parece generarnos una seguridad y una felicidad efímera porque, casi de forma inmediata, la satisfacción desaparece y pasamos a sentir ansiedad e infelicidad.

Visualiza el espacio ideal

Para vivir una vida más simple y armónica, comencemos por examinar el espacio y visualizar cómo sería nuestro entorno ideal, detectemos los espacios que impiden ese estado óptimo anhelado, así habremos detectado las zonas donde hay que comenzar a trabajar.

Evalua la utilidad

Una vez hecho esto, evaluemos la utilidad de cada uno de los objetos que se encuentran allí. Empecemos por los elementos más simples con los que no nos sentimos tan vinculados, como casi siempre en la vida, lo más difícil es dar el primer paso, así que intentemos no boicotearnos al comenzar por objetos con los que tengamos un fuerte apego emocional.

Organiza tu espacio

La organización comienza al aplicar el filtro de la utilidad: ¿Este objeto merece ser reubicado, conservado, desechado o donado? Por ejemplo. Ya con este comienzo, iremos enfrentando el proceso de desprendimiento y estaremos más preparados para lidiar con el dolor emocional de la pérdida y el cambio.

Simplifica las cosas

Además, estaremos listos para modificar el enfoque mental hacia la creencia de ganar espacio, reducir la complejidad de las cosas y tener una vida mejor, sin embargo, no sólo ganaremos externamente sino que el proceso de simplificación del espacio también es un momento de autodescubrimiento porque lo que realmente estamos evaluando es qué tipo de vínculo he establecido con el objeto y por qué lo mantengo realmente. Ejercicio profundo

  • Al mismo tiempo que observamos y clasificamos el objeto, estamos visualizando nuestros puntos de mejora y aprendiendo sobre nosotros mismos, sobre cómo nos enfrentamos y nos vinculamos en el exterior. Así, ordenar nuestro hogar es un ejercicio más profundo en el que no sólo despejamos espacios sino que nos liberamos al conquistar el equilibrio emocional a través del desapego y la simplificación con una capacidad real de reconocer y gestionar nuestras emociones. 

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